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Perspectiva sin complicaciones

Aprenderás las reglas básicas más importantes de la perspectiva para plasmar calles y edificios de forma convincente en el papel. · 15 min

La perspectiva suena a clase de geometría, a regla y a ángulos exactos. Para el boceto urbano solo necesitas una pequeña parte práctica de todo eso. Esta lección te muestra las reglas básicas con las que tus calles y edificios funcionan, sin que tengas que usar una regla ni una sola vez.

La línea del horizonte: tu punto de partida

Toda perspectiva empieza por tu altura de ojos, también llamada línea del horizonte. Imagina una línea horizontal imaginaria que atraviesa el dibujo exactamente a la altura de tus ojos. Todo lo que se encuentra por encima de esa línea —por ejemplo, un tejado alto— cae ligeramente hacia abajo, hacia la línea del horizonte, en tu dibujo. Todo lo que queda por debajo, como el borde inferior de una puerta, sube ligeramente hacia la línea del horizonte. Solo lo que está exactamente a la altura de tus ojos se mantiene como una horizontal real.

Determina la línea del horizonte lo primero de todo, antes incluso de dibujar un solo contorno. Si estás sentado, queda más baja en el dibujo; si estás de pie, más alta. Si estás sentado en una terraza de un primer piso mirando hacia la calle, incluso queda por encima de los edificios que tienes delante. Traza la línea del horizonte con el lápiz muy suavemente; luego desaparecerá bajo el color.

Un punto de fuga para la calle

Una calle recta que se aleja de ti hacia el fondo sigue la forma más sencilla de la perspectiva: un punto de fuga. Todas las líneas que en la realidad son paralelas a la calle —bordillos, líneas de fachada, raíles de tranvía— convergen en tu dibujo hacia un único punto sobre la línea del horizonte. Cuanto más lejos está un borde de quien mira, más se acerca a ese punto de fuga.

Para el boceto no hace falta que marques el punto de fuga con exactitud. Basta con que te imagines más o menos dónde está y orientes hacia allí, a grandes rasgos, todas las líneas de la calle. Lo importante es solo la dirección: las líneas que se alejan de quien mira nunca se vuelven más inclinadas, sino más planas cuanto más se alejan del ojo.

Dos puntos de fuga para la esquina de un edificio

Si estás en diagonal frente a la esquina de un edificio, ves dos fachadas a la vez, y para eso necesitas dos puntos de fuga, uno a la izquierda y otro a la derecha sobre la línea del horizonte, a menudo muy fuera del borde de tu hoja. La arista vertical de la esquina del edificio se mantiene realmente vertical: es el único punto fijo de referencia. Desde ahí, las líneas de fachada van hacia la izquierda a un punto de fuga y hacia la derecha al otro.

También aquí basta con tener intuición para la dirección. Dibuja primero la arista vertical de la esquina, y luego ve tanteando ambas fachadas con líneas ligeramente inclinadas. Las ventanas y puertas de ambos lados siguen la misma inclinación que la línea de fachada correspondiente; si no, parecen torcidas.

Medir con el lápiz

Para calcular proporciones sin hacer cuentas, estira el brazo y sujeta el lápiz en vertical frente al motivo. Cierra un ojo. Mide con el pulgar cuántas longitudes de lápiz ocupa la altura de una ventana o el ancho de un edificio, y compara esa medida con otros elementos del dibujo. Así descubres, por ejemplo, que una puerta mide unas dos alturas y media de ventana, o que una torre es tres veces más alta que la casa de al lado. Esos valores de comparación los trasladas directamente al papel, sin conocer una sola medida en centímetros.

Errores típicos y cómo evitarlos

El error más frecuente son los tejados demasiado empinados: los principiantes suelen dibujar los tejados a dos aguas mucho más puntiagudos de lo que son en realidad, porque el ojo tiende a sobrestimar las inclinaciones. Mira dos veces conscientemente y compara el ángulo del tejado con una horizontal imaginaria antes de fijarlo. Un segundo clásico son las ventanas que en la fachada no siguen la línea de fuga y por eso parecen salirse de la pared. Alinea conscientemente cada elemento de ventana con la inclinación de la línea de fachada en la que se encuentra. Y en tercer lugar: una línea del horizonte mal situada desestabiliza toda la escena, aunque cada línea individual sea correcta. Por eso, fíjala de verdad la primera de todas.

Ejercicio

Busca fuera o desde la ventana una calle con una línea de fuga visible, o la esquina de un edificio que veas en diagonal. Dibuja primero, muy suave, la línea del horizonte a la altura de tus ojos. Determina después, con el lápiz estirado, dos o tres relaciones de tamaño, por ejemplo altura de ventana frente a altura del edificio. Dibuja la escena con el rotulador permanente y orienta conscientemente cada línea hacia el punto de fuga imaginado. Dedícale entre 15 y 20 minutos.

Para recordar

La línea del horizonte a la altura de tus ojos se fija la primera de todas; todo lo demás se orienta a partir de ahí. Las líneas paralelas que se alejan convergen en un punto de fuga; en la esquina de un edificio son dos. Mide con el lápiz estirado en vez de calcular a ojo las proporciones, y presta especial atención al ángulo de los tejados.